Hay etapas de la vida en donde las circunstancias nos llevan dejar de hacer planes, no porque hayamos perdido la fe, sino porque nuestra fe se cansó de esperar. Nuestra alma sigue creyendo, pero ya sin la expectativa de los años mozos; ya no se piden milagros, solo se espera paz…
A eso se le puede llamar “esperanza envejecida”: ese tipo de que aún existe, pero camina lento, con las manos trémulas, entre la nostalgia y la ominosa línea de la resignación.
Comprender la diferencia entre las principales formas en que el creyente recibe, aprende y aplica la Palabra de Dios: la prédica, el discipulado, el estudio bíblico y el devocional. Cada una cumple un propósito dentro del crecimiento espiritual y la formación del carácter cristiano.