Muchos creyentes despiertan turbados por sueños de contenido erótico y se preguntan: ¿he pecado contra Dios?, ¿es impureza espiritual?, ¿significa que algo anda mal en mi corazón?
La Biblia enseña que Dios mira el corazón, no los sueños. Y esa verdad libera al creyente de una culpa innecesaria. Porque la pureza no se mide por lo que soñamos, sino por lo que elegimos cuando estamos despiertos.